Catarsis en el Negev

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Era martes, día de almuerzo familiar, había algo más para ese día, algo en mí me intoxicaba, algo en mí me apagaba, debía decirlo, sé que me aman, yo los amo, pero el amor es tan complejo, a veces tan incomprensible, somos tan incomprensibles cuando amamos.

¿Qué era ese algo que me intoxicaba y me apagaba las ganas de vivir? Mi apartamento era hermoso, los fines de semana me iba a escalar o a otro lugar a cambiar la rutina, tenía amigos, amigos de toda la vida y nuevos amigos que la vida me traía. No lo entiendo, no lo entendí, la vida se había quedado sin sabor, y sentirlo me hacía sentir peor, ¿será que necesitamos tragedias en nuestra vida para apreciarla, será que necesitaba un castigo por sentirme así?

Se terminan cuatro meses, y el cuarto país, ¿por qué en este asombroso lugar en el desierto pienso en esto?, ¿será que estar aquí no es una casualidad?, ¿qué pensaba cuando miraba hacia abajo en mi balcón y veía una solución?, veía paz, solo quería eso, paz, ¿qué me impedía sentirla?.

Me senté frente a ellos, les dije que necesitaba ayuda, no quería mentir más, no quería seguir mostrando que todo estaba bien, que yo estaba bien, quería quitarme el peso de encima, culpas y responsabilidades que asumimos demás, no podía detener mis lágrimas. Les dije que no quería vivir más, que no encontraba razones para levantarme en las mañanas, que todo en mi vida estaba bien, pero yo no estaba bien, que todo me estresaba, la gente, las situaciones, los empleados, estaba empezando a hacer mal mi tarea, a maltratar a los demás, cada día que pasaba solo era peor, arruinaba mis relaciones con todos, con mis amigos, con mi familia, con los empleados, con los clientes, estaba arruinando todo, me estaba arruinando a mí. Quería controlarlo todo, que todo fuera perfecto, ser perfecta, hacer todo perfecto, y empezaba todo a salirse de control (nunca lo había tenido, nunca se tiene).

Estoy en medio de una caminata por el desierto que parece una catarsis, es asombroso vivir, caminar, respirar, ver, amar, amo, me amo, amo la gente que me rodea, amo mi familia, amo a las personas que estuvieron en lo peor y en lo mejor de mí, y le pido perdón a quienes lastimé, de verdad me falta mucha humildad pero nunca lastimaría a nadie a propósito, perdón. Estoy aquí y solo escucho al viento que a veces habla más fuerte que mi consciencia. Se acabó el ruido, los horarios, las llamadas, los correos, las discusiones, se acabó el balcón donde miré tantas veces hacia abajo para huir, la falta de ganas para vivir, qué locura haberme sentido así.

Llegué a la Clínica ISNOR, ahí estaba él, entre sueño y realidad, más dopado que triste, más deshecho que desolado, no sabía mucho de su vida, no sabía en verdad por qué yo estaba ahí, pero quería estar ahí, quizás mi espejo. Me acerqué, no había nadie más, le tomé las manos, le consentí los hombros, la espalda, los brazos, quizás nunca lo supo, le empecé a hablar, y quizás no me escuchó, estaba entre medio vivo y medio muerto, quizás fue como hablarme a mí, recordarme a qué venimos, que la vida es esta montaña rusa y que no se detiene, solo hay que gritar en la bajada, todo va a cambiar, la tristeza y la impotencia no son para siempre, no hay ningún estado eterno, solo hay que esperar un ratico, cambiarnos de lentes, ponernos el disfraz que corresponda, llorar cuando haya que llorar, y reír. Empezó a llorar con mis palabras, no recuerdo lo que le dije, pero sé que lo sentía, quizás me estaba hablando a mí. Siguieron los días y traté de estar ahí, lo conocí un poco más, me conocí otro poco. No estaba ahí por él, estaba ahí por mí, lo necesitaba tanto, escuchar en voz alta todas las razones que tenemos para vivir, creer en aquello que estaba diciendo, no quería irme sintiéndome así, la paz que necesitaba no la iba a lograr por estar al otro lado del planeta, el agradecimiento por la vida no iba a nacer porque me hicieran falta cosas, tenía mucho qué hacer en los próximos meses. Qué regalo, pararme enfrente al espejo y gritarme que amara la vida, que me amara a mí.

No fue solo irme, fue ir dejando las culpas, aligerando el peso, caminando, aprendiendo, reconociendo, aceptando, agradeciendo, valorando. No hay una solución, es un viaje interior, escuchar en lo profundo y cada vez se vuelve más claro. El viaje no empezó hace 4 meses, empezó mucho antes, cuando dejé el miedo, el miedo a no tener el control, a dejar los planes, arriesgar mi futuro, salir de la zona de confort, cuando empecé a creer en mí misma, a que iba a salir todo bien, que iba a aprender, vivir, experimentar, ha sido mucho más que eso, no se puede poner en palabras o en fotos, solo se puede sentir, algo que te estremece y te hace sentir vulnerable y débil, algo que te llena de energía y te envuelve de poder, no he cambiado, sigo siendo yo, pero trato de sentirme mejor con ese yo, de abrir los ojos y el corazón para aprender y vivir. Soltar y dejar, y entonces empecé a escuchar esa voz interior, esa consciencia, y parece que nada es casualidad, parece que cada paso tiene un propósito, y creo estar encontrando el mío.

¡Más lejos que siempre, más cerca que nunca!

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pm dice:

    Esto me toco adentro del corazon. Conversaciones precisas y profundas que te tocan el interior.

    Viaje interior, conocimiento y encontrar en uno mismo el momento pra tomar la decision…

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  2. Reblogueó esto en Cuatro Ojos Editorialy comentado:
    Los invito a leer a Ana Banana 🙂 Una mujer en tránsito 😀

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