Vipassana Impermanente

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Llegó el día, acabo de salir de mi primer curso Vipassana, las horas de meditación y silencio acabaron, todo cambia y hoy no es la excepción. Cuando miro hacia atrás parece que hubiesen pasado años entre hace once días y hoy, parece que hubiese pasado mi vida entera ante mis ojos, ante mis pensamientos, parece que hubiesen pasado todas las sensaciones en mi cuerpo entre las sesiones de meditación.

Hace un par de años, leí acerca de esto, en mi mente quedó la idea de un curso de meditación en el que debía estar en silencio, no se podía hacer contacto visual o físico, no se podían matar a los bichos en el baño o en la cama, no se podía leer, escribir o hacer ejercicio, solo meditar, me iba a doler solo el hecho de sentarme ahí. Cualquiera que me conozca sabe que todo esto sonaba a un gran un reto para mí (lo que me atrajo infinitamente). Nunca hablé o leí en detalle de lo que se trataba, hasta que un día, recordando las razones por las que había emprendido este viaje, el tema llegó a mi cabeza y supe que era el momento. Sin la confirmación de mi cupo a este curso, ni la visa para ir a India, compré mi tiquete y la decisión empezaba a ser una realidad.

Llevaba 6 semanas en India, me sentía agotada, tenía tiempo esperando este momento hasta que llegó. Me sentí perdida entre tantas mujeres indias (éramos solo 2 extranjeras entre más de 250 mujeres). En la noche empezó el silencio y todo entró en calma. Una voz grave y rara empezó a cantar y hablar a través del parlante, me pareció una broma, ¿acaso iba a tener que quedarme ahí escuchando esa voz?, ¿quién era ese?, ¿quién era capaz de meditar cuando al fondo tienes una voz así?. En la noche siguiente llegó nuestro primer discurso, un vídeo donde la voz cobró vida, y el mensaje conectó con todo lo que vengo viviendo y aprendiendo en los últimos años.

En los primeros tres días pasaba quizás entre un 20 y 30% meditando y el resto sumida en todos los pensamientos posibles (eran más de diez horas de meditación diarias), como Goenka describió la segunda noche, mente de mono, saltando de una rama a otra. El cuarto día, todo cambió, mi mente quedó en silencio, la determinación cada vez que me sentaba a meditar se hizo realidad, empecé a experimentar en verdad la frase como Goenka nos invitaba a empezar cada sesión:

 –Pon la mente en calma, en silencio, mantén una mente atenta–

Tomaba dos, tres o a veces 5 respiraciones fuertes, luego respiraba normal y simplemente sentía (en los primeros días noté que mi respiración es muy superficial y calmada, habíamos desarrollado Anapana que se trata de fijarnos solo en la respiración). Ese cuarto día empezó realmente el Vipassana donde empiezas a observar las sensaciones en tu cuerpo, día a día fijándote en algo diferente, día a día con los aprendizajes y experiencias que esto traía.

De eso se trata, una técnica de meditación que se conecta con las sensaciones de nuestro cuerpo: placenteras, adictivas, incómodas, dolorosas, ligeras o fuertes. Esas que están ahí todo el tiempo hablándonos de nosotros mismos, de nuestra realidad y que toda la vida hemos apagado para ver lo que nos rodea, lo que está afuera, cuando hay un tesoro por dentro, cuando tenemos tanto que aprender tan solo con sentirnos. Quizás si aprendemos a observar esa realidad interior, vemos que todo lo que juzgamos, lo que sentimos por lo que sucede a nuestro alrededor, está relacionado con lo que llevamos por dentro. Quizás si sabemos observar esas sensaciones objetivamente, podemos vivir en paz y felicidad. Con esto no quiero decir que tengamos una sonrisa todo el tiempo, o que las vicisitudes de la vida no generen un impacto, es solo que no se pierde el balance, podemos sentir, hay que sentir, vinimos a sentir! Pero, ¿qué tal sentir y a la vez sentirse en paz?. Claro, en el papel suena lógico, coherente y fácil … solo cambiar la forma en la que nos expresamos hacia los demás bajo todas las situaciones es algo en lo que hay que trabajar la vida entera, solo callar y aquietar la mente; así que no es una solución, es un camino.

Las personas que me conocen no se imaginan una Ana Lucía que pueda dejar de hablar… se ríen sólo de pensarlo, la verdad es que eso fue lo más sencillo de todo, el silencio noble. En dos ocasiones boté comida, no recuerdo otro momento siendo adulta en que lo haya hecho (con 6 semanas en India mi estándar de picante había aumentado, aún así era imposible comerme algo de ese nivel). Por esos días en mis meditaciones pensaba en todo lo que quería comer, hasta que me daba cuenta que mi boca estaba llena de saliva, tanta ansiedad … volvía a respirar profundo y comenzaba a meditar de nuevo. Meditar, ¡oh sí!, sentarse a meditar con determinación por una hora seguida tres veces en el día y meditar otras siete horas, resultó bastante agotador y lo más difícil para mí, los primeros dos días me daba sueño, los siguientes días desespero, al final, aburrimiento.

En el día seis, el más duro para mí, en el que no me conectaba, caminando del comedor al cuarto me fijé en una señora con su hija (eran las únicas que tenían contacto físico, la niña es ciega), sentí ese profundo amor, ese que veo cuando mi hermana arropa entre sus brazos a mis sobrinas, ese cuando con lo cansada que está, sin importar la hora, sigue haciendo cosas por ellas, ese que siento cuando mi mamá cocina por nosotros, cuando se queda en silencio cuando algo no le parece, pero sabe que no es el momento de hablar. Ese amor que brota por los poros, que ilumina las caras, que llena el alma. Fui a mi cuarto, extrañé a mi mamá, y lloré como una niña pequeña en mi cama pensándola, pensando que quizás ella no sabe cuánto la amo, cuando la admiro, cuánto la llevo en mí, así tome decisiones que me separen físicamente de ella, así tome decisiones en las que ella no esté de acuerdo, así a esta edad en ocasiones siga siendo insolente, pero esa terquedad, fuerza y determinación nacieron de su vientre, de su ejemplo y de sus palabras. Es que nunca logramos devolver tanto. En medio de mi llanto, escuché su voz, clara, amorosa, diciendo –Ani tranquila, sé que me amas, no llores más, no quiero verte así–, y mis lágrimas cesaron.

El día 7 llegó fuerte, conectado, profundo, hermoso. Sentarse y sentir, desde profundos dolores de cabeza, pies y piernas, hasta flujos placenteros, intensos de vibraciones, pulsaciones y corriente. Todo tiene un significado, ¿qué tanto nos conocemos?, ¿qué tanto podemos transformarnos  respirando, sintiendo, meditando?. La vida, como las sensaciones, cambia, y cada momento fue así. Cómo aprender y realmente aplicar esto, quizás sintiendo lo que pasa por dentro para recordarlo cada momento, y saber que hasta los momentos más depresivos y tristes pasarán, también la gloria, la efusividad y el placer pasarán. Había comenzado una nueva dimensión en mí. Mantenerme ecuánime.

Ya pasaron dos meses desde que salí de mi primer curso Vipassana, la sensación de caminar en una nube, sentir ese infinito amor brotando por cada pedacito de mí y una sonrisa y compasión por todo, cesó. Volví a casa a enfrentarme con mí realidad, con lo que nos toca bien profundo, a lo que realmente somos vulnerables, al verdadero reto: Mantener la calma en la mente, reconocer qué situaciones nos aceleran el pulso, nos disparan el corazón, nos calientan la cabeza. Reconocer, observar y volver a la calma sin herir a los demás, sin herirnos. No soy otra persona, aún hablo por los codos, pero he aprendido a guardar más silencios, aún llamo la atención por mis ademanes, gestos, aún mi mamá me pide que baje la voz, pero me siento en calma, mi mente está en silencio, tomando decisiones cada momento, superando lo que trata de quitarnos el balance, respirando, observando y enfrentando amorosamente lo que la vida trae, que siempre es imperfectamente perfecto.

Todo cambia, todo cambió, es este el carrusel en el que vivimos, en el que vinimos a aprender, a experimentar, a ser flexibles, a poder dejar las ataduras, ¿cuanto más felices seríamos sin ataduras, sin egoísmo?, ¿cuanto más amor habría sin ego?.

May all beings be happy, be peaceful, be liberated!

Un comentario Agrega el tuyo

  1. gloria bolaños posso dice:

    Gracias por tenerme encuenta querida sobrina

    Me gusta

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